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  • César Alejandro Esparza

La respuesta a lo sucedido en el Paso Dyatlov



Retomando lo narrado en el post anterior, hago un breve resumen sobre la forma en que fueron encontrados los cuerpos de los 9 integrantes de la fallida expedición en la montaña Kholat Syakhl, mejor conocida como la montaña de los muertos o la montaña muerta, en febrero de 1959.





La tienda donde descansaba el grupo, estaba rasgada por el medio y cubierta por la nieve. Las pertenencias del grupo y los zapatos habían quedado esparcidos en la zona. El corte de la casa había sido realizado de adentro hacia afuera como si sus ocupantes hubieran querido escapar desesperadamente de algo, saliendo a toda prisa, en medio de una nevada con temperaturas por debajo de los cero grados.


En una pendiente junto a una zona boscosa, aproximadamente a 450 metros de la tienda había restos de una fogata bajo un pino, y a lado de las cenizas estaban los cuerpos congelados de Doroshenko y Krivonischenko. Ambos se encontraban desnudos (solo con su ropa interior) y descalzos. El pino donde estaba la fogata tenía algunas ramas rotas hasta una altura de casi 4 metros. Con rastros de piel incrustadas en la corteza del pino. En su momento, los forenses determinaron que ambos montañistas intentaron frenéticamente subir al árbol, dejando sus manos destrozadas y convertidas en carne pulposa. Como si intentaran escapar de algún animal salvaje, aunque nunca se encontraron huellas evidentes de algún animal.


El cadáver de #Dyatlov fue encontrado a 270 metros de distancia de los otros cuerpos, un poco más cerca del campamento, tirado sobre su espalda; con una mano se aferraba a una rama de un árbol de abedul, mientras que la otra, parecía protegerle la cabeza de algún asaltante desconocido.





El cuerpo de Zinaída Kolmogórova, estaba tumbado en posición lateral y mostraba abrasiones en la cara y manos, así como evidencias de congelación. De igual forma, presentaba rastros de sangre, aunque nunca se reveló si era propia o pertenecía a alguien más, ya que no tenía evidencia de haber luchado antes de morir.


Aún más cerca de la tienda se encontró el cuerpo de Rustem Slobodin, tirado boca abajo, medio enterrado por la nieve, con abrasiones en la cara y entumecimiento en la región frontal. Su cráneo presentaba una fractura, sin embargo, los forenses determinaron que la causa más probable de muerte fue la hipotermia. Los tres estaban tratando de regresar al campamento cuando la muerte les sorprendió. A diferencia de los dos primeros, los fallecidos de este grupo estaban mejor vestidos pero igualmente descalzos.


Los cuerpos de los demás integrantes fueron encontrados tres meses después, una vez que la nieve se derritió. Estos últimos estaban situados en el arroyo de un barranco a unos 68 metros de donde se encontró a Doroshenko y Krivonischenko y cerca de un refugio improvisado. Todos tenían al parecer brutales heridas internas.

Lyudmila Dubínina fue localizada de rodillas apoyando el pecho en la roca y con la cabeza hacia atrás. El agua corría por su cara, las cuencas de los ojos estaban vacías y la lengua ausente.


Semión Zolotariov fue encontrado en el barranco, también con las cuencas vacías. Aleksandr Kolevátor y Nikolái Thibeaux-Brignolle se encontraron juntos abrazando uno a la espalda del otro.


A diferencia de sus compañeros, estas víctimas estaban completamente vestidas. Al igual que en el caso de Slobodin, el cráneo de Thibeaux-Brignolle mostraba señales de haber sido golpeado por un objeto pesado. Alexander Kolevatov y Dubinina Ludmila habían sido golpeados hasta romperles varias costillas y con daños internos masivos. Llamó la atención que a pesar de los golpes y fracturas, los cuerpos de estos no mostraban signos de algún daño en los tejidos blandos o simplemente moretones. En la autopsia se determinó que la fuerza con la que los cadáveres fueron golpeados superaba a la que puede ejercer un ser humano, afirmándose que los daños eran “igual al efecto de un accidente en auto”.


En la autopsia se determinó que en algún momento, este último grupo utilizó la ropa de sus otros compañeros para hacerse abrigos, pantalones y sombreros.





Alguno de los miembros fallecidos presentaba una coloración naranja y sus pelos tenían un tono opaco de color gris. Otro dato era que algunas de las prendas de vestir que se encontraron en los cuerpos, tenían emisiones superiores a los niveles normales de radiación.


Las conclusiones forenses fueron de muerte por politraumatismo provocado por "causas no determinadas”, otra traducción la declara como "una fuerza desconocida e insuperable" que había causado las muertes.

En 2015, se publica el libro “Dead Mountain”, de Donnie Eichar, en donde explica lo sucedido esa fatídica noche al grupo de Dyatlov, a través de la teoría del infrasonido.


Para comprender esto, es necesario entender el fenómeno conocido como la “Calle de Vórtices de Von Kármán”, un evento físico que describió el ingeniero y físico húngaro-estadounidense, Theodore Von Kármán, en 1911, pero que se pudo apreciar con mayor facilidad en eventos atmosféricos después de la segunda mitad del siglo XX.





También se conocen como torbellinos de Von Kármán y es un patrón que se repite de vórtices en remolino causados por la separación no estacionaria de la capa de fluido al pasar sobre un cuerpo.




En los fenómenos meteorológicos, el flujo de aire atmosférico sobre obstáculos como islas o montañas aisladas a veces da lugar a las calles de vórtice de von Kármán. Cuando una capa de nubes está presente en la altitud correspondiente, las calles se hacen visibles. Estas han sido fotografiadas desde satélites.​ La calle del vórtice puede alcanzar más de 400 km desde el obstáculo y el diámetro de los vórtices es normalmente de 20-40 km.


Otras veces, los vórtices no se hacen aparentes a nuestra vista, por ausencia de nubes o por entorno muy seco, pero existen como perturbaciones del campo de viento.


Estos vórtices o torbellinos repetitivos son los responsables de fenómenos tales como el sonido por vibración de líneas telefónicas o líneas eléctricas suspendidas y la vibración de la antena de un automóvil a ciertas velocidades.





Lo importante aquí es que dichas vibraciones pueden generar un “infrasonido”, una noción que se emplea en el terreno de la física. Así se denomina a la onda sonora que, debido a su baja frecuencia vibratoria, no es detectada por el oído humano. Aunque este no sea capaz de percibirlo, puede soportar consecuencias adversas por el mismo. Un buen ejemplo de ello es aquel que puede producirse por un automóvil, un avión o incluso una caldera y, aunque una persona no lo perciba, cabe la posibilidad de que tenga que hacerle frente a consecuencias como puede ser un dolor de cabeza, vértigo o incluso náuseas.





Una vez aclarados (o intentado aclarar) estos fenómenos físicos, hagamos la recreación de lo sucedido esa noche:


Los 9 alpinistas estaban a punto de concluir su día, cambiándose la ropa y a punto de descansar. De repente, Dyatlov y su grupo, sin saber por qué, comienzan a sentir cierto malestar en sus cuerpos. De su pecho perciben una vibración, acompañado de dolor de cabeza, náuseas y paranoia.


Mientras tanto, afuera, en la montaña se forman dos vórtices que suben por esta. Ante la desesperación de lo que sucede en ellos, deciden abrir la tienda; el miedo se apodera del grupo y algunos integrantes rompen la tienda para salir más deprisa. De repente, los vórtices colindan y se escucha un estruendo similar al sonido de una locomotora.


Todo esto provoca que salgan al frio de menos 20 grados y con ropa inadecuada, solo con el fin de escapar del estruendo.


Los reportes astronómicos indican que no hubo luna, por lo que no se ve nada, esto hace que el grupo se separe en plena oscuridad. Los vientos no los dejan escucharse entre sí. Separándose en tres grupos a más de 200 metros de la casa de campaña.


Doroshenko y Krivonischenko caminan hacia el sur rumbo al bosque. Llegan a un cedro donde deciden hacer una fogata, sacan cerillos que tienen cosidos a sus ropas como una tradición alpinista. Doroshenko sube al árbol para cortar ramas con el fin de hacer la fogata; en ese momento cae dejando la marca en el árbol y las lesiones en sus manos. Queda herido pero no muere. En un intento por mantener el calor, ambos se acercan lo más que pueden a la fogata, pero no es suficiente y mueren por hipotermia colapsando frente al fuego. Quedando marcadas sus caras con ese tono naranja debido a las quemaduras así como sus cabellos grises.


Lyudmila, Semión, Kolevátor y Nikolái, corren hacia el lado opuesto. En su carrera, Nikolái se lastima el tobillo y pierde la habilidad de caminar, por lo que sus compañeros lo ayudan a seguir, intentando llegar al bosque. Sin darse cuenta de donde pisaban, al estar todo cubierto de nieve, los cuatro caen a un precipicio de 7 metros. Lyudmila, Semión y Nikolái reciben heridas graves, Kolevátor se salva de caer sobre las piedras cayendo sobre Nikolái a quien intentaba ayudar a caminar. Por tal motivo el no recibe lesión alguna.


Kolevátor intenta ayudar a sus amigos. Alcanza a ver la fogata de Doroshenko y Krivonischenko. Se acerca a ellos, pero al llegar se da cuenta que ambos ya están muertos de hipotermia.

Al no poder hacer nada por ellos, corta parte de su ropa y se regresa a ayudar a los demás. Usa parte del suéter que cortó para cubrir el pie de Nikolái. Semión y Lyudmila no sobreviven a la fractura de cabeza ni a la hipotermia, Nikolái aún sigue vivo por lo que Kolevátor lo toma y trata de llevárselo para cubrirse del frio, intentando hacer un refugio. De repente no puede más y cae junto a su amigo en un último intento por protegerse del frio, muriendo ambos abrazados.


Dyatlov, Zinaída Kolmogórova y Rustem Slobodin, se encuentran separados intentando volver a la carpa. Dyatlov intenta mantenerse de pie sosteniéndose a las ramas de un abedul. No puede más y cae; una mano aún se sostiene de las ramas, la otra ya no, pero queda en una posición tal, que da la impresión de que se protege de algo que tiene frente a él.


Zinaída Kolmogórova mientras camina se tropieza con una piedra, rompiéndose la nariz, Rustem Slobodin también tropieza y se fractura la cabeza cayendo arriba de su propia pierna. A estas alturas, todos en el paso han muerto.

Con esto, la primera causa de muerte que el investigador responsable del caso, Ivanov, planteó, sobre una fuerza imperiosa y desconocida ahora tiene sentido. Y esa fuerza es: la Calle de Vórtices de Von Kármán.


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